Para no equivocarse en Madrid

Ocho sesos ¿Y no serán sexos?

EDITORIALES -TENDENCIAS-, LA BOCA MAGAZINE, TAPAS DE LETRAS

¿Ochosesos? ¿Qué sesos? ¿Y no serán sexos?
¡Pero de qué estamos hablando!
¿Peroquésoes…?
Y qué son esos aparatos tan raros y antediluvianos que ni el más viejo del lugar los ha visto en su vida.
¡Quésabenadieee!
¿Y si te digo que el nombre de esos aparatos es seso? Canto o arrimapuchero. Los 5 Mejores.
Pues será para algo relacionado con él, por eso tiene su nombre.
A propósito de los sesosesos, ¿Y no serían para martirizar al personal? Para sorberle el seso a alguien. Como tienen diferentes medidas… uno para cada tamaño de la cabeza.
Nooolll.
Puesnocaigo, nocaigo…
Y si te digo que es un antiguo utensilio de cocina de uso cotidiano…
Seso: del latín sessus, asentamiento. Piedra, ladrillo o hierro con que se calza la olla para que asiente bien. Así lo define la RAE.
También llamado arrimapucheros.

Un utensilio que se usaba cuando se cocinaba con paja y/o leña. Se empleaba para manipular las cazuelas y pucheros de barro, a veces bastante altos y pesados por la cantidad de ingredientes que hervían en él. Un instrumento para empujarlos a las brasas, para que entrasen en contacto con el calor de las brasas verticales y anaeróbicas de la paja; o las de la leña.
En las zonas de España que cocinaban con paja*, lo normal era poner el cocido a las 5 de la mañana, para comerlo a las 2 o las 3 de la tarde. Para no quemarse y arrimarlos a la lumbre, necesitaban esta herramienta tan singular, para empujarlos en la base de los mismos.

También he oído que en alguna zona de España lo llamaban canto, pero no lo recoge el diccionario. Podría ser un arcaísmo o un localismo. Pero no deja de ser sospechoso, que en la propia definición de seso se refiere a “piedra”, luego podría tratarse de una lógica derivación.

 

Alfredo Franco Jubete.

 

* Para cocinar con paja, la acumulaban y aplastaban en altura, incluso humedeciéndola levemente para conseguir mejor el objetivo. Lo hacía contra uno de los ángulos del hogar y metían entre ella algunas ramillas, para que ayudasen a su lenta combustión anaeróbica. Para aprovechar su leve poder calorífico, metían, empujaban los pucheros lo más posible entre ella, para que estuviesen rodeados de brasas la mayor parte de la superficie de los mismos. Ni que decir tiene, que todos los pucheros tenía su tapa correspondiente para que las pequeñas y leves pavesas de paja quemada, no estropeasen el guiso, potaje o hervido. Y más, en ocasiones solían dar la vuelta a las tapas para poner agua fría en el interior de su concavidad. El objetivo era que el vapor de cocción, al chocar con la tapa fría, volviese a precipitarse al puchero y así no tener que añadir agua fría. Dado el escaso poder calorífico de la paja, añadir agua fría significaba parar la cocción durante varios minutos.

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