Para no equivocarse en Madrid

Vegetales a los peces y descartes al mar.

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25 kilos de rape o pixin que llaman en Asturias

25 kilos de rape o pixin que llaman en Asturias

Vegetales a los peces y descartes al mar. Todo un despropósito y un atroz sinsentido. Leo en la prensa que los piensos utilizados en acuicultura son cada vez más vegetales, porque los recursos de la pesca extractiva son cada vez más limitados. Vamos, que no hay suficientes pescados en el mundo para ser destinados a la industria de piensos de granjas acuícolas.

Es decir, que como cada vez consumimos más pescado, (en la CEE estamos en 23 kilos per capita y en el mundo en 19 kilos), cada día hay menos harinas y aceites de pescado para nutrir rodaballos, truchas, lubinas, doradas, lenguados, salmones, anguilas de criadero.

Las harinas y aceites de pescado proceden de diferentes especies de pesca extractiva así como de recortes de despiece y fileteado. Y como consecuencia de esta carencia, el contenido vegetal de las dietas de peces criados en cautividad, ya está entre el 15 y el 25% dependiendo de las especies. Pero claro, esto tiene un importante negativo. La dieta vegetal puede cambiar el sabor final de las especies criadas en acuicultura. No obstante, el resultado «se arregla», si la finalización de la dieta antes de sacarlo al mercado, es más rica en harina de pescado.Subasta pescados Los 5 Mejores

La gran estupidez, el gran sinsentido de todo esto, es que en el mundo se tiran por la borda después de pescados, la salvajada de 1,7 millones de toneladas. Esta cifra representa la cuarta parte de las capturas que realizan los pesqueros. Y si concretamos un poco más, resulta que en el Mar del Norte tiran ¡la mitad de las capturas! En España devastamos, lanzamos la barbaridad de 164.000 toneladas por la borda al año, que se dice pronto. Ya podían obligar a las empresas pesqueras a guardar parte de estos descartes para este tipo de cometidos.

En fin, el mundo al revés. Una anécdota personal, curiosa e incluso divertida, ilustra sobre estas alimentaciones cruzadas en animales domésticos y la influencia de esta alimentación en el sabor de los alimentos.

Ese verano había ido con la familia a Londres  para dar otro empujón al inglés. Los fines de semana íbamos a hacer turismo, a conocer otras ciudades. Nunca a la playa, claro. El clima inglés no es de playa para un español. A la vuelta de uno de esos viajes, vimos que miles de peces que saltaban en un gran lago. Un cartel anunciaba que se podían pescar y que eran truchas. Entramos y compramos trucha ahumada, fresca, verduras de su huerta y unos huevos que me permitieron cogerlos personalmente. Cogí los que estaban calientes y me relamía pensando en los huevos pasados por agua que nos íbamos a comer.

Ya en Londres, compré pan fresco antes de subir a casa. Cocí los huevos, mojé el pan en aquella deliciosa yema y cuando lo metí en la boca… ¡trucha! Coño medio asco, un huevo con sabor tan intenso a pescado. No los pudimos comer. Aquellas gallinas, lógicamente, las alimentarían con las truchas muertas y los despojos de las elaboraciones. Los niños tampoco pudieron con el huevo, el sabor era realmente repugnante. Y los guardé para rebozar pescados.

En fin, al margen de que la sostenibilidad sea el camino y que los políticos se guíen por el sentido común y salven los mares de una ruina segura, hay que añadir este sinsentido de tener que dar harinas de soja, a los peces criados en cautividad cuando se tiran por la borda toneladas de peces muertos pescaos. ¡Qué atrocidad! ¡Qué estupidez!

Pero este artículo, como los pescados de descarte, también será tirado por la borda. Uno sabe que no servirá de nada publicarlo ni denunciarlo, porque los que mandan lo saben mucho mejor que nosotros. Todos viendo pasar la vida y nadie hace nada. Los peces de acuicultura seguirán comiendo cada vez más vegetales, los descartes seguirán aumentando en millones de toneladas cada año y los consumidores comeremos pescados con sabor a guisante. Un horror.

Menos mal que cada día hay más restaurantes cocinando con pescados de descartes, que solo necesitan un guiso para que dejen de serlo. Las carrilleras eran comida de perros y las alubias de La Granja pienso caballar.

 

Alfredo Franco Jubete.

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