LA BOCA MAGAZINE, MENU DEL DIA, Secciones

Perlas de gastronomía medieval.

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Perlas culturales sobre las costumbres y hábitos alimentarios medievales. Tradiciones y maneras de comer y beber del pueblo y la nobleza, en aquellos tiempos de desmesurada riqueza y desmedida pobreza.

Soperas y bandejas con candado.
En tiempos de los Austrias, tiempos de hambruna y grandes privaciones, en las casa de los señores y nobles de la época, solo se cocinaba para ellos. Es decir, no se daba de comer a los sirvientes, que incluso se les pagaba un dinero para comer fuera de la casa del señor. Pero como el hambre y la pobreza eran brutales y cotidianas, en las casas de los nobles tuvieron que inventarse las soperas y fuentes con tapa y candado, porque entre la cocina y el comedor desaparecía la comida. Los largos pasillos entre la cocina y el comedor, eran el mejor aliado para que los sirvientes pudieran reservar algo para ellos.Horno de adobe. Los 5 Mejores

Las legumbres en la cocina medieval.
Era muy común establecer un orden prioritario a la hora de ingerir los alimentos y teorizar sobre los tipos de productos que producían nefastas influencias sobre la digestión o la salud en general. Y por tanto, en virtud de qué propiedades o circunstancias un alimento podía ser nefasto para la salud. Corría la teoría de que habas, guisantes, lentejas y garbanzos, no se debían comer en medio de las comidas porque predisponían al vómito. Por el contrario, tomadas al final, debido a su pesadez digestiva, podrían producir pesadillas (Arnaldo de Vilanova S.XV).

La prueba de la salva.
Era la prueba de la comida y bebida que realizaba el encargado de servirla a reyes y grandes señores. El objetivo, asegurarles que no había en ella ninguna pócima, veneno o peligro… lo que era muy posible. Las jarras, vasos y copas, opacos y generalmente de metales nobles, no ayudaban a distinguir lo que había dentro. Por lo que las suspicacias que generaban eran muchas. Y no digamos, las setas, o los guisos con ellas…

Extraordinarias propiedades de la carne, medieval, claro.
“Así como carne de ome, para las quebraduras; e los huesos e la carne de perro, para calcar los dientes; la carne del tasugo viejo, para quitar el espanto e temor de coraçon; la carne del milano, para quitar la sarna; la carne de la abubilla, para agusar el entendimiento; la carne del caguallo, para faser ome esfroçado; la carne del león, para ser temido; la carne de la ensebra para quitar peresa. (Arte cisoria de Don Mantequillera Los 5 MejoresEnrique de Villena).

Comer en el mismo plato.
A mediados del S.XIV en las «Regles de bona criança» (F. de Eximenis), recomienda que el invitado no se siente en la mesa frente a la mujer o la hija del dueño de la casa, sino al lado. La esposa no tenía plato en la mesa, comía en el mismo de su marido. De aquí que se considerase un honor y una muestra de confianza: «comer en el mismo plato». Y por tanto, de ahí la frase que casi ha llegado hasta nuestros días.

La despensa de Carlos V.Es muy conocido el voraz apetito del emperador, capaz de comerse lo que todo un regimiento, tras un día de ayuno. Siempre he pensado que Carlos V era tragaldabas, no porque el mundo le hizo así, sino por predestinación, por nacimiento. Dios le dio una mandíbula prominente y única. Una palanca adaptada a una masticación sobrehumana, y adecuada para que fuera un glotón. Comía cantidades ingentes de alimentos, pero eso sí, propios de un emperador.
«En su despensa de Yuste no faltaba de nada, incluidos pescados de todos los mares, las aves más renombradas de Europa, carnes, frutas y conservas de todo el universo. Con decir que comía ostras frescas en el centro de España, cuando en España ni siquiera había caminos carreteros, bastará para comprender las artes de que se valdrían a fin de llegar en buen estado a la sierra de Jaranda sus alimentos favoritos». (Pedro Antonio de Alarcón).

 

Alfredo Franco Jubete.

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