Para no equivocarse en Madrid

El Gijón único café que se repartían bofetadas.

EDITORIALES -TENDENCIAS-, LA BOCA MAGAZINE, TAPAS DE LETRAS

El primer lleno del Gijón fue tras la inauguración del Teatro Príncipe 25-6-88. Los cafés de esta época eran misóginos hasta el paroxismo: las mujeres no podían entrar solas, debían ser acompañadas y mantener una actitud más propia de una iglesia que de un café.

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Gran Café Gijón. Foto de la época.

 

Qué más lógico que “un pinga”, un asturiano emigrante a Cuba en busca de fortuna, volviese a su patria con dinero ganado como camarero, fundase un café y lo denominase Gran Café Gijón. Esto sucedía en los años del Madrid romántico, un día de San Isidro de 1888. Lo francés estaba de arrebatadora moda, una simple tortilla francesa era de un refinamiento tan inusitado, que incluso formaba parte de los menús de bodas o banquetes de copete. Saber francés y demostrarlo era lo máximo. Por el contrario, en los barrios más modestos lo castizo, las corralas y la verborrea cheli era el otro furor.

El primer lleno del Gijón fue tras la inauguración del Teatro Príncipe 25-6-88. La bella Lucía Pastor protagonizó un Fotos del libro "Café Gijón"“proyecto crónico lírico” de Perrin y Palacios que derrochó gracia y simpatía a raudales. La habanera que la Pastor protagonizó preguntaba: “Decidme, muchachas / que el caso es sencillo: / El Café que les gusta a los hombres, ¿cuál es? ¡El caracolillo! (con acento picarón). Qué maravillosa metáfora, voy a hacerla mía ya. Cuando me pregunten cuál es lo que más me gusta, voy a decir: ¡el caracolillo!

Los cafés de esta época eran misóginos hasta el paroxismo: las mujeres no podían entrar solas, debían ser acompañadas y mantener una actitud más propia de una iglesia que de un café. Canalejas llegaba esporádicamente al Gijón en los atardeceres, pedía café y recado de escribir. Y parece que Don Gumersindo, el fundador, reconoció aquel cliente ocasional en las fotos de prensa que aparecieron con motivo de su asesinato. Don Santiago Ramón y Cajal apasionado cafetero y tertuliano, aparecía con cierta frecuencia acompañado posiblemente de colaboradores, que le escuchaban con delectación.

Valle Inclán compareció por primera vez en el café con motivo de la apertura de la terraza veraniega, ofrecía a primeros de siglo un menú infrecuente por 4 pesetas. Venía del Kursaal de ver a la telonera Anita Delgado, que pronto se casó con el Maharajá de Kapurtala. Allí se quedaba de tertulia hasta el amanecer. El Gijón en estos años de principio de siglo, se convirtió en centro de la burguesía y la bohemia y la mejor terraza para combatir el calor.

La dictadura de Primo de Rivera, los últimos tiempos de la monarquía de Alfonso XII y los años republicanos hasta cafe-gijonla guerra civil significaron la cumbre de las tertulias de Madrid. El Gijón se convirtió en centro neurálgico de la actividad cultural y tertuliana. Podía verse a diario a Federico García Lorca, Rafael Alberti, al pintor José Caballero y en alguna ocasiones al torero Ignacio Sánchez Mejías con La Argentinita, que acudía a la tertulia de su amigo Federico. Personajes de arrasadora actualidad de la época, hacían de la terraza todo un espectáculo nocturno veraniego. Pero llegó el 36 y la pasión condenó las tertulias a enconarse hasta límites cargantes: se retiraron saludos, se cruzaron miradas retadoras e insultos.

Avanzó la guerra y el Gijón pasó a convertirse un anexo cuartelario hasta el final de la guerra. En los años de la posguerra el café aparenta tristeza y desolación. Eran años del carburo, el gasógeno y el racionamiento, años de gran carencia que obligaba a los clientes a pedir un café y pasarse la tarde entera delante de una jarra de agua. Y como decía un pintor, dándole al bicarbonato, “porque algo alimentará”. Con este panorama, los camareros tenía doble trabajo: servir y anotar las deudas. El cerillero, también prestaba dinero sin comisión. El país culturalmente es un erial, la censura férrea obliga a publicar textos sin contenido. Un grupo de jóvenes fundaron Juventudes Creadoras: José Gª Nieto, Pedro Lorenzo, Rafael Romero y otros como Julio Trenas, Camilo J. Cela, José Mª de Vega, Víctor Ruiz Iriarte. En la posguerra los cafés iban desapareciendo por falta de tertulias, el Gijón era considerado para el Régimen un foro de vagos y maleantes.

Gerardo Diego, uno de los escritores que no acudió al exilio, montó una tertulia de gran trascendencia. Era mayor la elocuencia de sus silencios que sus discursos. En un tiempo se solía decir que el Gijón era el único café que se repartían bofetadas. En los años de la posguerra, el ABC publicaba una lista de donantes que contribuían a alguna causa patriótica, al final de la lista de conocidos que habían dado 100, 200 o 500 pesetas, aparecía Camilo José Cela con 0,50 pesetas. El recochineo en la tertulia en los días posteriores era tremendo y Camilo había asegurado, que como cogiese al bromista lo deslomaría a palos. Tras muchas  chanzas y risas el poeta Jesús Juan Garcés confesó. Sonó una bofetada y el poeta cayó por el suelo ante el estupor y las risas ocultas del resto de tertulianos que se imaginaban el desenlace.

César González Ruano fue el gran personaje del Gijón, aterrizaba por el café a las 9:15 de la mañana y se enfrascabaImágenes del libro: Café Gijón en su trabajo hasta la 1 de mediodía que comenzaba la tertulia a su alrededor. Y Francisco Umbral también dejó su maravilloso sello en el Gijón, a base de dandysmo sin pelos en la lengua. Escribió su crónica sobre el café y sus personajes con su gracia habitual, he aquí su texto: “Aquella tertulia era como el rompecabezas de España, el único sitio donde se había conseguido el difícil equilibrio nacional, la reconciliación de las dos Españas en torno a una jarra de agua, y el que venía de las cárceles de Franco le llenaba el vaso al que venía de los cuarteles triunfales, y el que vestía la ropa bien planchada de los Ministerios le ofrecía lumbre al que fumaba el tabaco callejero de los perseguidos…”

Y sonó otra bofetada famosa. Una tarde llegó un desconocido y preguntó: ¿es usted fulano de tal? El requerido, pensando que sería un admirador, asintió orgulloso y tras responderle, recibió una sonora bofetada. Su agresor dio media vuelta y se fue con gran naturalidad. Todos se quedaron estupefactos preguntándose quién sería y por qué el antagonista se quedó con ella sin responder al bofetón. El abofeteado parece que fue Umbral.

En los sesenta ya no solo se bebía café, Joaquín Calvo Sotelo tomaba aperitivos de vino fino, Alfonso Paso pedía langostinos con coca cola y Enrique Diosdado y Tino Grandia percebes. La penuria estaba acabando al menos para algunos. Y un día sucedió lo inimaginable, todo el Gran Café Gijón se puso en pie y cantó el Cara al Sol con el brazo en alto. Increíble, pero cierto, nadie desafinó ni una sola nota ni olvidó una sola letra. Unos jóvenes de cazadora negra, gafas de sol y pistola en mano fueron los responsables. Al día siguiente, unos se burlaron de los otros recordando el anhelo de sus voces, o el recuerdo de la letra que se supone nadie se sabía de memoria.

(La narración de estas divertidas anécdotas de este famoso café de las letras, se han realizado con el «Libro del Café Gijón»).

 

Alfredo Franco Jubete.

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