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Del palo del churrero al detox en cuatro días.

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En dos generaciones hemos pasado, de tener solo dinero para comprar hambre… a practicar desayunos y comidas detox, leer textos sobre cereales y harinas integrales como ingredientes inexcusables en nuestras vidas…

Del palo del churrero al detox en cuatro días.

Churros. Los 5 Mejores

La cocina es moda y tendencia, y la alimentación natural, ecológica y biológica.
En dos generaciones hemos pasado, de tener solo dinero para comprar hambre… a practicar desayunos y comidas detox, leer textos sobre cereales y harinas integrales como ingredientes inexcusables en nuestras vidas… o sobre las pestes de los azúcares refinados y el glutamato monosódico.

No obstante, también somos capaces de mantener tradiciones y costumbres alimentarias de muchos siglos atrás. La gran mayoría no solo son auténticas, sino las mejores para la salud del cuerpo y el alma, a pesar de los siglos.
Por ejemplo, dejó de llevarse parte de este desayuno medieval: letuario y copa de orujo. Es decir, mermelada de frutas con predominio de naranja y miel, y una copa de aguardiente. Pero otra parte de este desayuno, continuó integrado en sociedades muy posteriores nada medievales! Es decir, los destilados “restituyentes”, “despertadores” y “quita legañas”, han estado vigentes en España hasta hace cuatro días. Churro, café y chispazo de orujo, brandy, cazalla, anís o solysombra… no se bebían, “se comulgaban” a diario hasta hace cuatro días.

(Entre paréntesis, qué gran mercado de ¡millones de cajas! de brandy, dejaron escapar las bodegas jerezanas. De éste y otros momentos de consumo, sin descubrir al consumidor un camino alternativo).

Porras Los 5 Mejores

Porras

A lo que íbamos. Aquel chispazo ha perdido vigencia, pero los churros han permanecido inmutables a lo largo de los siglos. Siguen formando parte del desayuno de todas las sociedades, independiente del nivel de instrucción, ilustración, tradición o hábito alimentario.

Todos tenemos de común el churro, y ahora que los exportamos, hasta los japoneses. Las masas fritas, los churros, siguen ahí después de tantas y tantas generaciones. Y no solo en España, también en América Latina, Portugal, Francia, Bélgica, Filipinas y parte de Estados Unidos. Una delicia. Nadie es capaz de resistirse a su magnetismo cuando son refinados, etéreos, crujientes y calientes..

Y qué quiere que les diga, mejor con café con leche o chocolate, en vez de orujo. Es más, por muy gastronómica que sea mi vida, verán por qué prefiero no volver a valorar esta tradicional armonía churro-orujo. Mi cuerpo no lo procesa.

Resulta que yo siempre cazaba con mis tíos, sus amigos y mi hermano. Pero hete aquí que un día, unos amigos me dijeron: ¿por qué no te vienes a cazar el domingo con nosotros? Hace tiempo que estamos organizando una cacería tal que así y va a ser muy divertida. Me pareció un buen plan, un bonito día de caza y acepté. “Entonces quedamos así. El domingo, como es tradición y costumbre, desayunamos en la churrería del parque antes de salir con los coches necesarios”.
Y allí me presenté sin nada en el estómago, claro. La fotografía era desoladora: brutalmente pronto, invernizo noviembre, neblinosa oscuridad a 6 u 8 grados, mejillas marcadas por la tela, pelos sin marcar por el peine, blanco tras la cremallera urgente, ardores en alguna cintura e incluso cartuchos dispuestos. Y claro… frío en el cuerpo, calor en el estómago y una moral de victoria intachable por la jornada por vivir y el moje del churro.

Cuando ya habíamos comido los primeros churros y todavía faltaban dos horas para el amanecer, el churrero se dirigió a un horizonte que no era el nuestro… y como si no fuera con él y mucho menos con nosotros… se puso en guardia ante la mirada atónita de un servidor que no había vivido este momento. Brazos en cruz, el palo del churrero en una mano y la copa de orujo en la otra… y de espaldas a todos, como si estuviera mirando a la platea o grabando un monólogo para una televisión imaginaria…
Comenzó su locución:

¡El mejoooor desayunoooo de Españaaaaa!
¡Los mejoreees churrrroooosss del muuundooo!
¡Recién hechoooos, calienteeees y crujienteeees! ¡Nadieee ha sido capaaaz de igualarloooos!
¿Y quién tieneeee un orujo como Fulanitooooo? ¡Nadieeee!
¿Pero es que nadieee tieneeee este orujo en todaaa la comarcaaaa?
¡Nadieeee!

Rosca de Porras Los 5 Mejores

Rosca de Porras

Yo no podía creer lo que veían mis ojos a esas horas de la mañana.
Oye… ¿éste ya está jumao a estas horas?
¡Qué va! Está cuerdo y cabal, es su manera de vender el producto.

El tonillo estaba más cercano al charlatán de la época que a una locución publicitaria.
Yo seguía su parlamento con media sonrisa, callado como un muerto y atento a una representación única, tipo Chiquito de la Calzada.
Y entonces vino lo mejor… se dio la vuelta con los brazos en cruz y las mismas armas en la mano… y balanceándose hacia los lados como amenazando un sirtaki exclamó:
¡Naaadieee tiene este aguardiieeeenteee!
¡Naaadieee tiene este aaaguuaaa de fueeegoooo!

Y mirándonos a todos con desafío circense… metió el pulgar en su copa de orujo, lo acercó al fuego del perolo y al instante el dedo gordo ardió como una tea a la otra punta del palo.
Risas y aplausos… ¡y el dedo seguía ardiendo allá lejos! Pero antes de que llegaran los bomberos, se rodeó el dedo con la misma mano y apagó el incendio ipso facto. Ni que decir tiene que dedo y palo eran del mismo color.
El churrero prestidigitador, sin trampa ni cartón, ni bomberos, se giró, volvió a mirar al tendido sin público ni cámara oculta, y de espaldas a nosotros exclamó:
¡Nadie tiene en el mundo el aguaaardienteee de Fulanito!
Y entre vítores y aplausos, una voz dijo ¡Venga Fulanito otraaa cooopaaa!
Claro, quién iba a negarse tras el show único. Bueno, pues a decir verdad, yo. A esas horas no había tomado un orujo en mi vida. No me entraba nipadiós.

Total… que aquel pendenciero trago de insoportables grados, me estuvo ardiendo toda la mañana en el estómago. Aunque a lo mejor no era el alevoso y ardiente alcohol, sino el dedo de la güija que yo no sabía descifrar ni apagar.

Del ardor brutal en el estómago, pasé a unos episodios nacionales realmente ingobernables… yo – me – mi – conmigo, y sin parlamento alguno. En cuclillas y entre matas toda la mañana. Hasta llegué a disparar un par de veces ¡con el culo al aire! Y maté una perdiz la con el despelote consiguiente mío, de los vecinos y de todos en la comida, claro. Es lo más cercano a un parto que yo he vivido.
Un brutal detox más quemado que el palo del prestidigitador de orujos.

Menos mal que mis tíos me habían educado bien en vicisitudes cinegéticas y sus alrededores, y en el morral había papel para sofocar muchos incendios entreeee laaa jaraaaa y laaa sooommbraaa.

Alfredo Franco Jubete.