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BLOG, LA BOCA MAGAZINE, Opinión

¿Lo hacemos con la patata? Lo más afrodisíaco.

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El amor con patatas, ¡con qué si no! Lo más afrodisíaco.
La cocina afrodisíaca, la que precocina o preconiza este adjetivo, me parece una simpleza tremebunda, que respeto muchísimo, claro. Pero no la comparto.

Otra cosa muy distinta es poner poesía a la vida, que no solo lo entiendo muy bien, sino que lo aconsejo. Pero jamás he conseguido asociar mundos oníricos a ingredientes que aderezan la neurona, calientan la entrepierna y reducen la distancia entre la mesa y la cama, o incluso la misma mesa ¡de cocina!

No creo en pócimas, ni ungüentos, ni elixires salidos de una sartén. La cocina erótica o afrodisíaca, comienza cuando la cocina de verdad acaba. Lo más afrodisíaco de la cocina del amor es el otro y el mejor ingrediente, el tiempo.

Que usted quiere poner poesía a la vida, ahí me va a encontrar desde este mismo segundo. ¿Lo hacemos con la patata? Imagine… dos huevos fritos, yema naranja, brillante, cremosa, untuosa. Introduzca en la yema una patata frita, gruesa, dorada por fuera, hueca y fundente por dentro… bañada en la deliciosa yema… llévela con cuidado a la boca de su oponente y con una suave caricia… deje que la paladee… observe que el placer le hará cerrar los ojos… ¿Cuántos placeres gastronómicos hacen cerrar los ojos como la yema de un huevo?

Patatona

Patatona

Ofrézcale una esbelta y fina copa de tinto con algo de fruta y tras el brindis… no habrá beso más sentido ni querido que ¡el de la patata!

Compartir, vivir, amar… el paraíso terrenal. Comparta este placer así en la tierra como en el cielo, porque divina es la relación de seducción que se establece con la patata. Y lo más importante: no nos habrán hecho falta las “facultades sobrenaturales” de ostras, almejas, caviar, langostas… la de marisco que he comido en mi vida con cuñadas, amigas íntimas, primas, suegra y jamás las miré con otros ojos que los que debía. Nunca jamás unas simples ostras ni las huevas de una centolla del país, cambiaron ni retorcieron mi mirada ni mis sentimientos “erotico-festivos”. Y lo mismo puedo decir de caza, criadillas, espárragos, frutas rojas, canelas y otros alimentos por exóticos que dicen que son.

Aquí lo único que tiene que estar para comérsela o comérselo es él o la de enfrente. Por su atractivo o por el deseo que sugiere. Lo más afrodisíaco de la cocina del amor es el otro y el mejor ingrediente, ¡el tiempo! Un tiempo de elaboración lento, que ambos utilizarán en cocinar su pasión.

No creo en filtros amorosos salidos del cazo. Sí en “la literatura gastronómica”, la que añade poesía a la vida, la que crea momentos únicos para ser recreados. La que condimenta ingredientes y los convierte en aderezo de amor y pasión. Y claro, las ostras, el caviar, la caza… tienen mayor poder de evocación y exclusividad que la sencilla y familiar patata. Pero se lo aseguro, pruébelo como le he dicho, ¡no hay beso más sentido que el de la patata con yema de huevo, claro.

Es más, le propongo un titular. ¿Lo hacemos con la patata? Por qué no, además es una ocasión propicia para una época de crisis. Eso sí, para la ocasión, compre huevos de gallinas en libertad, total, media docena le van a costar unos céntimos más.

Esto es lo bonito de la cocina, de la gastronomía, que no hay reglas y por tanto, esta es solo mi opinión a través de una broma, para demostrar mi teoría. Si la lleva acabo como le indico, la hará también suya. No obstante, su criterio puede ser el contrario y lo respeto muchíííísimo, como no podría ser de otra manera. Esto es lo mejor de la gastronomía, que nos hace más sociales ¡y más libres!

Bueno, qué… ¿lo hacemos con la patata?

 

Alfredo Franco Jubete.

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